domingo, 9 de septiembre de 2007

La resistencia de Sor Juana Inés de la Cruz: De la mística del amor al conocimiento a un profetismo político

¿Qué sé sobre Dios y la finalidad de la vida? Sé que este mundo existe. Que estoy situado en él como mi ojo en su campo visual. Que hay en él algo problemático que llamamos su sentido. Que ese sentido no radica en él, sino fuera de él. Que la vida es el mundo. Que mi voluntad penetra el mundo. Que mi voluntad es buena o mala. Que bueno y malo dependen, por tanto, de algún modo del sentido de la vida. Que podemos llamar Dios al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo. Y conectar con ello la comparación de Dios con un padre. Pensar en el sentido de la vida es orar.

Ludwig Wittgenstein, Diario filosófico.

Y en fin, cómo el Libro que comprende todos los libros, y la Ciencia en que se incluyen todas las ciencias, para cuya inteligencia todas sirven; y después de saberlas todas (que ya se ve que no es fácil, ni aun posible) pide otra circunstancia más que todo lo dicho, que es una continua oración y pureza de vida, para impetrar de Dios aquella purgación de ánimo e iluminación de mente que es menester para la inteligencia de cosas tan altas; y si esto falta, nada sirve de lo demás.

Sor Juana Inés de la Cruz, La respuesta a Sor Filotea.



Desplegaré un ejercicio reflexivo que busca rastrear (a través del personaje más insigne a mi parecer de las letras mexicanas: Sor Juana Inés de la Cruz) vínculos con nuestro presente histórico. Considerando coherencia de vida y obra junto a la proyección que va teniendo en la historia de nuestros tiempos. Es importante y necesario, como pensaba Zea[1], dimensionar su presencia como una de nuestras principales pensadoras y como un clásico moderno. Para esto me uno con los que seguimos reflexionándola en nuestra propia contemporaneidad, seguimos descubriendo una mujer cuyo espíritu trasciende y en aumento sigue vigente en la defensa del saber.

Sin embargo la Secretaria de Educación Publica en México, ha dejado a un lado el sentido profundo de su papel transformador en la historia, accediendo a conocerla más por sus poemas de encargo que por su obra profunda que ella misma reconoce en el primero sueño y en su carta donde responde a Sor Filotea. Lo que mi a parecer es complicidad cuando se acalla la voz de la mujer o se le condiciona a solo seguir fungiendo una pasividad más que una participación activa en los distintos saberes. Sin duda que las condiciones sociales, políticas y culturales del tiempo novohispano en las que desarrolló su obra y su vida la poetisa de Nepantla, han cambiado de manera significativa hasta nuestros días. Sin embargo, ese espíritu oscurantista y persecutorio en contra de la mujer sigue emboscado en espacios de la sociedad y la cultura, cuando se restringe, se ponen obstáculos, se parcializa el impulso al desarrollo artístico e intelectual. Los espacios ganados por Sor Juana en su cosmovisión en favor de una sociedad menos machista y discriminatoria, deben ser difundidos y ampliados en el presente con la participación decidida de las mujeres y los hombres, procurando que las condiciones de justicia e igualdad sean parejas para los dos sexos.

La actual problemática social exige que abundemos en nuestra historia, que hagamos de la memoria una defensa justa sobre los valores de justicia y libertad. Por eso es para mi menester, insistir en Sor Juana como una mujer que con su ejemplo defendió el derecho a la educación de las mujeres y con ello la de todos los seres humanos, pues es la educación la base en la que se consolidan la libertad y la justicia para el ser humano. Así pues mi planteamiento en este trabajo reside en la mística que la llevó a pasar todo tipo de pruebas que le expuso el imaginario de su época, para heredarnos un ejemplo lleno de sentido, una conciencia política que se define a través del amor al conocimiento, y que ahora para nuestros tiempos representa una esperanza, principalmente, para la solución de problemas sociales y ecológicos actuales, además que es fuente de inspiración para que nuevas generaciones de mujeres, como ejércitos, se incorporen al ejercicio teológico, político y filosófico para compensar el desequilibrio que hay en términos de genero.

Ante la mediocridad y agotamiento con la que el neoliberalismo hace una parcial política en la actualidad, cuya cultura es la superficialidad, el consumo y el entretenimiento amenaza constantemente la perspectiva de liberación de los grupos vulnerables. El deseo de libertad es natural en el ser humano[2], por lo que, quienes atentan contra la libertad de cualquier tipo, están atentando contra la naturaleza que representa la divinidad misma. Por lo mismo es necesario a mi saber, rastrear una Sor Juana cuya fuerza profundizó en el sentido de la vida, profundizó en el “saber mundano” (según los inquisidores) con ese mismo sentido de la vida, que en su máxima expresión es la búsqueda de la verdad, y que la verdad es la divinidad. Teología como la misma palabra sugiere es el discurso sobre Dios y sobre todas las cosas vistas a la luz de Dios. Es una particularidad de nuestra especie que, en un momento de la evolución de millones de años, haya surgido la conciencia de Dios. Con esta palabra - Dios - se expresa un valor supremo, el sentido último del universo y de la vida y la Fuente originaria de donde provienen todos los seres.



Lo místico del sueño epistémico

Considerando lo místico como el sentimiento que aparece como consecuencia de mostrarse el mundo como un todo limitado. Leonardo Boff comenta: “que el espíritu ya no es considerado desde una visión dualista de cuerpo-alma, sino como «una expresión para designar la totalidad del ser humano...Lo opuesto de espíritu... no es el cuerpo, sino la muerte. Espiritualidad significa vivir según la dinámica profunda de la vida» (pag. 139). Se propone no apoyar la mística en el concepto de misterio como el límite del conocimiento, sino como lo ilimitado del conocimiento[3]. Sentimiento de la finitud que nos vincula con el mundo de la reli­gión, los valores absolutos y Dios. Es la naturaleza misma y la inercia del sueño, también podríamos ubicar las mística en las causas que nos dan la energía impulsora a buscar lo que deseamos, como son los sueños y sus manifestaciones de exaltación por la verdad. Solo por mencionar, ya en la edad media anteceden varios escritores de carácter místico a los que Sor Juana leyó, entre los que encontramos a Fray Luis de Granada, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, etc., en cuyos textos exaltan experiencias de contemplación y contacto con el misticismo divino.

La dificultad que las teologías feministas encuentran en la actualidad para exponer sus ideas no agrada a los que siguen afirmando un rostro masculino de Dios, cuyo poder y simbología excluyen lo femenino. Sor Juana expone en su tiempo un tipo de pensamiento personal, confiesa su contemplación del cosmos, su visión sobre el conocer y ser en el mundo y esto sucedió siglos atrás. Ahora la teóloga brasileña Ivone Gebara cuando le pregunta en general “a las mujeres ¿Cuál es tu sueño? casi no saben decir cúal es o lo ubican en la educación de un niño. Dicen: quiero que mi hijo sea doctor, entonces yo les digo: no pregunto tu sueño para otros, sino pregunto para ti. En cambio, si pregunto esto mismo a los varones siempre saben decir cuál es su sueño y qué quieren.”[4] Desde mi punto de vista la participación de la mujer en áreas teológicas va en incremento histórico, lo que resulta esperanzador pues si la construcción del reino divino, como señala Luis Gerardo Díaz Núñez: “tiende a la construcción de la utopía cristiana desde la teología de la liberación, pone de cara otro aporte de esta teología, el hecho de resaltar que la acción de la Divinidad está encarnada en la historia. Se habla pues de un Dios presente en la historia. La cual tiende a la liberación de todos los seres humanos y por lo tanto recupera el compromiso y la praxis cristiana orientados a la construcción de una sociedad justa, igualitaria, liberadora que respete la vida en todas sus manifestaciones y eleve la calidad de vida de los seres humanos, en especial los más pobres no como algo opcional, sino como un compromiso con el Dios de la vida; alegre, jovial, humano.”[5] Con esto puedo decir que si en su tiempo Sor Juana defendía ante jerarcas, que las mujeres tuvieran acceso al conocimiento de Dios por medio del estudio de las diversas ciencias y artes; y una característica común de las profecías es que, las que sobreviven, han sido determinadas como tales después de que ocurrieron los hechos, esto nos señala que su defensa política bajo la conciencia liberadora es prueba de la no casualidad sino de la resistencia histórica de su figura emblemática que proyecta en nuestra cultura y que según pasa el tiempo adquiere mayor fuerza. Y si esa es la tendencia para ir siendo en el mundo junto con la voz anunciadora de Sor Juana, podemos coincidir con las palabras de Wittgenistein: “No es lo místico cómo sea el mundo, sino que sea el mundo”[6]. Como mujer estudiosa, con un llamado a la especulación teológica, Sor Juana quiere penetrar los misterios divinos usando su intelecto como instrumento. Este deseo de Sor Juana guarda, sin embargo, una dimensión espiritual en tanto que el estudio de la teología puede considerarse como una práctica de vida interior.

La fe de Sor Juana estaba respaldada por su razonamiento, por la intuición y sensibilidad ante la vida y la presencia de la naturaleza en ella. Ante el conocimiento Sor Juana se muestra honesta y humilde, tenía conciencia de las limitaciones de la razón ante la totalidad de la existencia, es por eso que también era una mujer de fe. La conciencia de saber que su vida es pasajera y que la muerte espera al final, funda la paradoja de la fe y la razón fue algo con lo que lidio, y dio causa dentro de las posibilidades en las que se permitió filosofar, como lo demuestra en la culminación de su poema el Primero Sueño:

Consiguió, al fin, la vista del ocasoel fugitivo paso,y —en su mismo despeño recobradaesforzando el aliento en la ruina—en la mitad del globo que ha dejadoel Sol desamparada,segunda vez rebelde determinamirarse coronada,mientras nuestro Hemisferio la doradailustraba del sol madeja hermosa,que con luz judiciosade orden distributivo, repartiendoa las cosas visibles sus coloresiba, y restituyendoentera a los sentidos exterioressu operación, quedando a luz más ciertael mundo iluminado, y yo despierta. (959-975)


En este poema el sueño funge como vía para adquirir conocimiento, pero a la vez enfatiza en la conciencia de que los límites son concretos y de que el hecho de volar sin ataduras es sólo una ilusión que tiene como recompensa —en el sentido de aprendizaje intelectual y moral—, la contemplación del propio rostro envuelto en un espejo quebrado por la pesadumbre y el abandono. Así, la certeza de la luz que percibimos en los versos finales del poema, esa batalla alegórica entre los últimos resquicios de la sombra y lo inevitable del día, sólo puede venir de un alma que, a pesar de reconocerse débil; intuye, en sí misma, la posibilidad de la grandeza. Creemos que al final Sor Juana anula toda posibilidad exclusivamente humana en el campo del conocimiento de los misterios del universo. El campo racional está velado ya que estamos hechos de materia y es imposible traspasar, aunque sea en el sueño, nuestra propia condición limitada. Pero, por otro lado, se abre una incipiente ventana que filtra la luminosidad que es contraparte de las tinieblas. Por eso, la imagen final del sol emergiendo en el nuevo día tiene y debe tener una lectura alegórica. El alma ha reconocido y ha experimentado el fracaso de su intento cognoscitivo. Sin embargo, a la par que se le han cerrado las vías del intelecto se le han abierto las puertas imperecederas de la fe en donde ella buscará refugiarse a partir de este nuevo amanecer de la conciencia que ha aprendido la lección a partir de su propio fracaso. Como símbolo clave para la intención final del poema, remarcamos el hecho de que la presencia del sol es una imagen religiosa, que se traduce en el Sol de Justicia y, por ende, en el campo de la fe.

La fuerza intelectual y artística que demuestra en el poema primero sueño se une a la brillantez y lucidez que denota en el ensayo en La respuesta a Sor Filotea[7] donde arguye una feroz defensa porque las mujeres estudien, y que no debe prohibirse hacer estudios "privados", pues no son en "perjuicio de nadie”. Si bien la Respuesta no está estructurada, en sentido estricto, como una confesión religiosa, es evidente la presencia del acto confesional en su escritura. A pesar de que el confesor de Sor Juana no es el Obispo de Puebla, sino el jesuita Antonio Núñez de Miranda, podemos sospechar que siendo el Obispo su superior y amonestándola por lo que podemos interpretar como un pecado de fe (la falta de dedicación a los asuntos religiosos), no es gratuito preguntarse sobre las marcas de la penitencia como discurso y como práctica en la carta.
La falta sobre la cual responde el sujeto de esta confesión en la Respuesta es una "falta contra la fe", dentro de la clasificación de los pecados provista por la teología moral. Se trata de una negligencia de los deberes del cristiano para con Dios y linda con la "apostasía", es decir, el apartamiento o abandono de Dios, que en el orden sagrado es un gravísimo pecado[8]. Pero siendo la fe una fuerza que la impulsa a ser lo que es, Sor Juana, confiesa lo natural que es para ella disertar sobre la verdad, es como si la fuerza le fuera dada por la misma divinidad, pues es quien le da el amor por la verdad y el culto a ella:


El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis. Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones -que he tenido muchas-, ni propias reflejas -que he hecho no pocas-, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña. (paf. 6 La respuesta…)


La apuesta de Sor Juana por la libertad de acción era, si no radical, sí arriesgada, aun dentro de la polémica que suscitó el tema en su época. Para su posición de mujer (monja) e intelectual en el siglo XVII novohispano, lugar que requería un precario equilibrio entre obediencia debida y vocación librepensadora, proponer que el regalo más grande que nos hace Dios es sacrificar su propia libertad para dejarnos libres y poder manejar así nuestro propio destino era exponerse a reproches como los de Fernández de Santa Cruz, e incluso más serios. La perspectiva femenina de Sor Juana no se apropia del discurso pedagógico y escolástico para producir una epistemología exclusivamente feminista, sino que se incorpora en este lenguaje educativo para acceder y difundir un conocimiento dentro de los vínculos oficiales e institucionales que irradiaban y sostenían el saber secular y religioso en la época. De este modo, los textos urden una subjetividad racional que se inserta en un corpus de saber existente y que añade, con su experiencia y su parcialidad, nuevas inflexiones a temas centrales para la epistemología de la época. Estos temas son modulados literariamente a partir de la figura o postergación del cuerpo en el saber, y a partir de la reformulación de debates filosóficos ya tradicionales como la caducidad de la vida material y física. También ocurren transformaciones conceptuales y teológicas en la constitución de figuras femeninas, que ostentan una capacidad racional de origen divino, y que ejercen esta capacidad intelectual del mismo modo que los hombres. Pero estos conocimientos teológicos ocurren en el espacio alternativo de la ficción, donde su impacto no es menos contundente, pero sí menos aprehensible para las instituciones que regulaban la formación y circulación de conocimientos en la sociedad novohispana. Por último, estos textos cuestionan el conocimiento como categoría parcial y contextual que también participa de toda una red institucional, tanto secular como religiosa, que lo produce, transforma y posibilita. Quizá fue sólo historizando esta noción del saber que Sor Juana pudo -aún cuando era mujer, y precisamente porque estaba ausente- redefinir algunas de las nociones seculares y religiosas, metropolitanas y novohispanas, del saber de su época.

Comentarios

Al referirme a la resistencia de la lucha por el saber, que marca Sor Juana en la historia latinoamericana, es para dar pauta a mi propio asombro que genera el alcance de una mente prodigiosa a través de su obra y los alcances de esta en la historia. Las consideraciones a su mística como esa fuerza interior que la impulso al conocimiento y al desarrollo de sus creatividades y por lo mismo; por ser una personalidad fuera de serie, avanzada a su tiempo.

Es su voz ahora un aliento para hombres y mujeres que disentimos con la inequidad e injusticia social de nuestros tiempos. Sor Juana sigue resistiendo al autoritarismo que oprime a las mujeres, a los negros y a los indígenas. Sor Juana pudo demostrar en su carta-confesión-biografía razones bien estructuradas que nos dan ejemplo del como debemos conducir la defensa de lo que pensamos y sentimos, porque quizás allí reside la mística de relacionarnos con la divinidad-verdad-conocimiento, en esa misma interpelación que hacemos a la realidad por acercarnos a ella y dejar a la realidad acercarse, conocerla y hacerla mejor para todos liberándonos de cualquier represión que limite a nuestra condición de personas cuya inteligencias son plurales, por lo tanto Sor Juana es ejemplo de un ser humano que le da forma a la teología con su experiencia particular que potenció con sus saberes y practicas ante sus contemporáneos, además hoy por hoy su vigencia y valor van en incremento al consolidarse los hechos adscritos a su defensa de mujer hacedora de teología. Así se nos presenta Sor Juana como una de nuestras pensadoras, en cuyas propuestas ya se anunciaban características que en discurso liberador y feminista que actualmente vemos planteadas en las teologías latinoamericanas. Sor Juana oradora hace claras sus intenciones en su defensa cuya oración oró por la evolución de su ascenso espiritual y con su legado nos invita al mismo, asumiendo que para acceder a la verdad hay que intentar conocer sin condicionamientos opresores para poder así expandir la conciencia. Sor Juana pareciera que estuvo congénitamente ligada a reflexionar el sentido de la vida, por lo que aparece en el epígrafe de Wittgenstein al inicio de mi trabajo, constata la gran fe de la monja.


Daniel Fimbres Hoyos




Bibliografía:
Cruz, Sor Juana Inés de la. Obras Completas. México. Editorial Porrua. México
Glantz, Margo. Sor Juana Inés De La Cruz ¿Hagiografía o Autobiografía? México. Grijalbo. UNAM. 1995.
Zea, Leopoldo. América como conciencia. México.UNAM, 1972.
Wittgenstein, Ludwig: Tractatus logico-philosophicus. Madrid, Tecnos, 2003
Puente Lutteroth, María Alicia (coordinadora). Actores y dimensión religiosa en los movimientos sociales latinoamericanos, 1960-1992. México. Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Editorial Porrúa. 2006.
Cruz, Sor Juana Inés de la. El Sueño. Edición y prosificación e introducción y notas del Dr. Alfonso Méndez Plancarte. ---- -----------

Miguel Ángel Castro (Coordinador y edición).Visión de Sor Juana a trescientos años. UNAM. Centro de enseñanzas para extranjeros. México, D. F. 1997.

Salazar Mallén, Rubén . Apuntes para una biografía de Sor Juana Inés De La Cruz. UNAM. México, D. F. 1978.

Marié-Cécile Ben Assy-Berling. Humanismo y religión en Sor Juana Inés De La Cruz. UNAM. México, D. F. 1983.

Varios autores. Los empeños, ensayos en homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. UNAM. México, D.F. 1995.

[1] De aquí la ya urgente revalorización o valorización de nuestro pensamiento, ese pensamiento que se resiste a ser semejante a los que consideramos sus modelos. Es menester ir a este pensamiento, a nuestros pensadores, a nuestros clásicos; pero ir con otros ojos distintos a los que hemos llevado hasta ahora. No hay que ver ya "malas copias" de algo que, si bien les pudo servir de modelo no tiene por qué ser imitado. Hay que ver a este pensamiento de nuestros clásicos como algo distinto, diverso, de sus modelos. Es eso, lo que les hace distintos, acaso contra la voluntad de nuestros pensadores, lo que ha de formar el acervo de nuestra cultura filosófica original. En eso está lo que nos es propio, lo nuestro" (América como conciencia, pp. 18-19).

[2] Juan 32:36
32 Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
36 Así que si el hijo los libera, serán verdaderamente libres.
[3] BOFF, Leonardo. Ecologia, mundializacao, espiritualidade: a emergencia de um novo paradigma. 2. ed. Sao Paulo: Atica, 1996, 180 p.
[4] Entrevista por Francisco Mauricio Martínez a Ivone Gebara aparecida en el Semanario de Prensa Libre. No. 64. 25 de Septiembre de 2005. Parte de la respuesta que ofrece a la pregunta: Su participación en el movimiento feminista, ¿le trajo alguna consecuencia?
[5] Luis Gerardo Díaz Núñez. Fuerza y sentido de la Teología de la Liberación latinoamericana. Págs. 168 y 169. del libro Actores y dimensión religiosa en los movimientos sociales latinoamericanos, 1960-1992
[6] Tractatus cp.6. pág. 44
[7] Para Sor Juana, una carta privada que ella nunca tenía la intención de publicar fue su ruina. Comenzó cuando ella escribió una crítica de un sermón por Vieyra, un ídolo jesuita. Se la mandó a su amigo Ferández de Santa Cruz, el obispo de Puebla, con la instrucción que él no la compartiera. Santa Cruz tenía un rival, Francisco Aguiar y Seijas, el obispo de Michoacán. Los dos hombres querían ser arzobispo de México, D.F., pero por modas desaprensivas, Aguiar y Seijas ganó la elección. Cuando Santa Cruz publicó la crítica por Sor Juana con el título Carta atenagórica, criticó a Aguiar y Seijas. Pero una crítica obvia por él iba a destruir su reputación, así dejó que Sor Juana sufriera en cambio. Cuando él publicó su crítica de Vieyra, también publicó una crítica de su crítica, llamada "Sor Filotea." La famosa Respuesta a Sor Filotea de Sor Juana fue escrita el próximo año. Simulando humildad, se defendía a sí misma con la habilidad que ya había demostrado. También, la Respuesta defiende los derechos de las mujeres para aprender sin censura y afirma que las mujeres deben tener la posibilidad de dedicarse a las carreras profesionales y artísticas. Se opone a los hombres que dicen que las mujeres no deben usar sus mentes. Pero cuando ella fue ordenada a parar su escritura y sus ocupaciones seculares, no tenía autoridad para desobedecer.
[8] Antonio Royo Marin, Teología Moral, Vols. I-II, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1973; Royo Marín explica que los deberes para con Dios suponen el cumplimiento de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, y la virtud de la religión, que tiene por objeto el culto de Dios, pg. 219 y siguientes.

2 comentarios:

malicia dijo...

Uno de los asuntos será debatir, en inicio, si aquello que da sentido, como lo afirma tu primera cita, está más allá de nosotros, o más allá de este mundo, en ese Dios o en ese "absolutamente otro" como también podemos llamarle. Crees tú, Daniel, que podemos recrearnos un sentido que no vaya más allá de las propias fronteras humanas? ¿Será que el sentido necesariamente ha de ser trascendente para lograr encaminar nuestra conducta? ¿o existirá, acaso, la posibilidad de una inmanencia de sentido que, si bien nos descubra como solos (caídos/abandonados a nuestra suerte en este mundo) y como sujetos de nuestra propia historia, nos cohesione, a la vez, en una solidaridad entre pares? Si esta posibilidad tiene algún rango de aplicación, cuál sería éste. En fin, Daniel, esta y muchas otras cuestiones. Felicidades por el espacio. Seguiré leyéndote.

Alicia dijo...

Está bueno tu texto, ya lo leí todo. Supongo que en la tesis aclaras con mayor profundidad algunos puntos. De cualquier modo, unos detalles: Si no me equivoco, al profeta es al que dios le revela la verdad. La palabra del profeta es una palabra revelada por Dios. No sólo eso, la palabra profética tiene en sí misma una dimensión escatológica: la verdad que dios revela al profeta es una verdad de liberación al final del tiempo. En el caso de Sor Juana y su "profetismo político" la verdad liberadora ha sido, según entiendo en tu texto, producto de la ratio divina. Pero qué tipo de liberación es esta? que las mujeres accedan a los procesos de formación de conocimiento apropiados por los hombres? Una liberación de la fe con respecto a la ortodoxia? Cuál es la relación que hay entre la verdad y la liberación? Qué se entiende por "verdad" en tu texto, y por "conocimiento"? Porque, si bien es cierto que la sabiduría nos libera, hay una crítica tremenda al descarrilamiento de la ratio moderna. Dónde se ubica aquí Sor Juana? .. Una última cosa: Cómo es tu aproximación a Sor Juana? es una lectura hermenéutica o creyente? quizá valdría la pena dejarlo en claro. No pregunto todo esto para que lo respondas, sino para que tantees qué es lo que da a pensar tu texto.